Aprendiendo de mi jardín

Hace un tiempo ya que tomé la costumbre de salir un rato al jardín que está atrás de mi casa. Ha cambiado bastante este último tiempo, comenzó de a poco, pero un día, el palto, un árbol enorme que teníamos allí atrás, se le cayó una de sus ramas. La rama en cuestión equivaldría a un tercio del árbol en sí, cubrió la mitad del jardín cuando cayó, sonó estruendosamente en medio de una tarde calurosa y tranquila. A todos en la casa nos sorprendió. 

Recuerdo que hace un año ya, ocurrió en mi vida algo que me sorprendió (y en el fondo, muy en el fondo, no tanto) y a varias persona cercanas a mi también. Recuerdo lo mucho que me afectó, porque me pilló muy mal parada... en la peor parada diría yo, estaba en la negación de lo que era evidente que sucedería. Y en ese momento tuve que hacer un alto en todo lo que estaba haciendo y planeando hacer...

Este año entonces, retomé todo eso que había dejado en espera, y curiosamente, la manera en que recomencé todo estuvo lleno de circunstancias muy similares al año anterior, hasta el punto en que me ocurrió la misma cosa que el año pasado puso un alto en mis quehaceres, aunque con una sola diferencia, yo.

Me lo he tomado todo muy bien, demasiado bien me dicen algunos.

El palto que cayó en mi jardín sobre parte del techo, la reja del vecino de atrás y un montón de flores, con un poco de esfuerzo fue removido, mi papá se subió a lo que quedaba del árbol y cortó las ramas que quedaban. Del palto no queda más que un pedazo de tronco al cual mi mamá le clavó varios maceteros con plantas y flores muy bonitas, hizo un buen arreglo. Plantaron nuevas flores, y al final el desorden que ocasionó la caída del árbol sirvió para una renovación del jardín, ahora me gusta más a como estaba antes, está más limpio, más lindo, con flores nuevas. Pensando eso esta tarde, sonreí, siento que este año he hecho el mismo trabajo conmigo misma y estoy tan contenta por ello, entonces miré mi jardín de nuevo y noté algo que había pasado por alto:

Hace mucho tiempo, que en una mitad del jardín ya no crece pasto, allí la tierra está dura. La razón por la que no me había percatado antes de esto, es porque me acostumbré a verlo así.

Tiempo atrás, un verano pusimos una piscina grande, con harta agua, era siempre refrescante y agradable estar allí, pero con el paso de los días dejamos de usarla. Pasaron varias semanas y ya estaba empezando a helar por las tardes, quise meterme a la piscina, pero el agua estaba turbia y de lo refrescante y agradable que fue alguna vez, ya no le quedaba nada. La vaciamos entonces, la desarmamos y la guardamos. Donde estuvo la piscina el pasto estaba muerto, con mal color y nunca más volvió a crecer algo allí porque la tierra se endureció.

El desastre reciente que ocurrió con el palto y que ayudó a una renovación en el jardín, no sirvió para solucionar la tierra que estaba infértil desde antes, allí hay que hacer otro trabajo...

Pensando sobre eso, me di cuenta que en mí aun hay heridas y cosas no resueltas, y que a pesar de que las nuevas vivencias he podido resolverlas bien, eso no arregla los problemas anteriores.

No sé cómo se vuelve fértil la tierra infértil, pero intuyo que necesitaré dos cosas: sabiduría y herramientas. Las buscaré. Porque decidí cuidar de mi jardín, para que crezca tanto que llene todos los espacios. Haré un jardín hermoso, del que mis personas más preciadas podrán disfrutar conmigo.


Bendiciones y éxitos.

me parece bien, es interesante y creo que es bueno como lo planteas me parece tambien curioso como escribes ya que jamas te habia leido, hay que ser naranja entera para marcar la diferencia creo yo, todos buscamos medias naranjas sin darnos cuenta que al buscar medias naranjas no decimos otra cosa más que somos persona incompletas en busca de otra persona incompleta..

que bueno que aprendas de tu jardin yo no tengo jardin pero voy a parques y veo arto asi tambien

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